El gobierno de Italia impulsa penas más duras por delitos vinculados a la inteligencia artificial, mientras Europa avanza con su primera ley global.
La inteligencia artificial se ha convertido en un eje central del debate político y legislativo a nivel mundial. En Italia, el gobierno presentará en las próximas semanas un proyecto de ley que busca regular por primera vez el uso de esta tecnología en el país.
La propuesta, de 25 artículos, establece principios generales sobre la investigación, desarrollo y aplicación de la IA, y endurece las sanciones para quienes cometan delitos utilizando estas herramientas digitales.
El Consejo de Ministros italiano espera aprobar el proyecto hacia fines de abril. Una vez convalidado, pasará al Parlamento para su revisión, con la intención de que quede sancionado antes de fin de año. Según fuentes oficiales, la iniciativa busca dar una respuesta concreta frente al impacto de la IA en los derechos fundamentales, así como a los riesgos económicos y sociales derivados de su expansión acelerada.
El borrador de la ley aún puede sufrir modificaciones, pero ya incluye algunos puntos clave. En primer lugar, plantea lineamientos para su utilización en sectores sensibles como la salud y la justicia, poniendo especial énfasis en cómo la automatización impacta sobre las condiciones laborales. Además, sienta las bases para una estrategia nacional de desarrollo en inteligencia artificial, con el objetivo de mantener a Italia competitiva dentro del contexto global.
Uno de los aspectos más relevantes es el endurecimiento de las sanciones penales y económicas. Se estipulan penas más severas por manipulación de mercados mediante algoritmos, y se considera agravante el uso de IA para el lavado de dinero.
El proyecto también prevé multas por la violación de derechos de autor y hasta tres años de cárcel para quienes utilicen herramientas digitales en la creación de identidades falsas o “deepfakes” con fines ilícitos.
Además de Italia: ¿Quiénes más están con este proyecto?
La iniciativa italiana no se desarrolla en un vacío. En paralelo, Europa está a punto de implementar la primera “Ley de IA” a nivel mundial. En marzo pasado, el Parlamento Europeo aprobó por amplia mayoría una normativa que regula los sistemas de inteligencia artificial en función del riesgo que representan para la sociedad. De los 618 legisladores presentes, 523 votaron a favor, 46 en contra y 49 se abstuvieron.
El texto establece cuatro niveles de riesgo: desde aplicaciones mínimas hasta aquellas consideradas de “alto riesgo”, como las vinculadas a procesos electorales, admisión educativa, contratación laboral o servicios de salud. Estos sistemas deberán cumplir con exigencias específicas: evaluaciones periódicas, gestión de sesgos, gobernanza de datos y supervisión humana obligatoria.
Las disposiciones generales entrarán en vigor en mayo de 2025, mientras que las obligaciones para los sistemas de alto riesgo comenzarán a aplicarse tres años después.
Cada país miembro de la Unión Europea deberá crear agencias nacionales de supervisión, aunque la coordinación recaerá en una oficina especializada dentro de la Comisión Europea.
La nueva ley europea también establece límites estrictos: se prohíbe la actuación policial predictiva basada únicamente en perfiles, la recopilación masiva de imágenes para reconocimiento facial sin autorización, la categorización biométrica con datos sensibles como orientación sexual u opiniones políticas, y el reconocimiento de emociones en espacios laborales o educativos.
En cuanto a sanciones, el texto es contundente. Las empresas que entreguen información inexacta a las autoridades podrán enfrentar multas de hasta 7,5 millones de euros o el 1% de su facturación global. En los casos más graves —como el incumplimiento de prácticas prohibidas— las sanciones podrían llegar a 35 millones de euros o el 7% de la facturación mundial, lo que represente una cifra mayor.
Para el legislador italiano Brando Benifei, uno de los principales impulsores de la norma europea, esta regulación representa “un camino claro hacia un desarrollo seguro y centrado en el ser humano de la IA”. Su desafío ahora será la aplicación y el cumplimiento efectivo, un reto que también deberá enfrentar Italia cuando ponga en marcha su propia legislación nacional.
En conjunto, estas iniciativas reflejan una tendencia clara: tanto a nivel nacional como continental, el debate sobre inteligencia artificial ya no gira solo en torno a la innovación, sino también a la necesidad de fijar límites y proteger a la sociedad de sus posibles riesgos.