Brasil convoca a líderes mundiales en Belém para reimpulsar la acción global contra el cambio climático
noviembre 5, 2025
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Cincuenta líderes se reúnen en Brasil para debatir cómo enfrentar el cambio climático y revitalizar los compromisos del medio ambiente global antes de la COP30.
Cerca de 50 jefes de Estado y de Gobierno se reúnen este jueves en la ciudad amazónica de Belém, en Brasil, con el objetivo de renovar el compromiso internacional frente al cambio climático.
El encuentro, concebido como antesala de la cumbre climática COP30, está marcado por la ausencia de Estados Unidos y la presión para convertir las promesas ambientales en acciones tangibles.
Entre los asistentes se encuentran el primer ministro británico Keir Starmer y el presidente francés Emmanuel Macron, mientras que potencias como China e India enviaron a ministros y viceministros de clima.
El presidente Donald Trump calificó la ciencia climática de “una estafa”, profundizando el aislamiento estadounidense respecto de la agenda del medio ambiente global.
La elección de Belém, una ciudad de 1,4 millones de habitantes donde la mitad vive en barrios populares, generó controversias por sus limitaciones de infraestructura. Los altos precios de los hoteles y las obras inconclusas complicaron la llegada de las delegaciones y organizaciones no gubernamentales.
El gobierno de Brasil busca que el encuentro sirva para reforzar la voluntad internacional de enfrentar la crisis climática, aunque sin la expectativa de lograr un acuerdo concreto.
Sin embargo, las tensiones son evidentes. La reciente autorización para explorar petróleo cerca de la desembocadura del Amazonas ha generado críticas al país anfitrión, que intenta posicionarse como líder y mediador en materia ambiental.
El secretario general de la ONU, António Guterres, advirtió que el objetivo de limitar el aumento de la temperatura global a 1,5 °C respecto de los niveles preindustriales “está fuera de alcance”.
Pese a ello, Brasil insiste en presentarse como promotor de una nueva etapa de acción climática, especialmente de cara a la COP30, que se celebrará también en Belém en 2026.
La organización de la cumbre enfrenta dificultades prácticas: muchas delegaciones aún buscan alojamiento. La presidencia de la COP30 anunció que se ofrecerá hospedaje gratuito en tres buques a los países de bajos ingresos, gracias a financiamiento externo.
Un contexto desfavorable para hablar de cambio climático
El contexto internacional tampoco es favorable. Las guerras, las tensiones comerciales y el auge del populismo antiambiental dificultan la cooperación. El mes pasado, un intento de reducir las emisiones del transporte marítimo global fracasó tras la presión de Estados Unidos.
“Los líderes deben entregar un mandato claro a la COP para ser ambiciosos y cerrar las brechas”, declaró Carolina Pasquali, directora ejecutiva de Greenpeace Brasil, desde el buque Rainbow Warrior anclado en Belém. “El tiempo se acaba y las promesas no salvan vidas”, añadió.
El presidente Luiz Inácio Lula da Silva propuso transformar la cumbre en un espacio de rendición de cuentas. “Basta de hablar, ahora tenemos que implementar lo que ya discutimos”, afirmó esta semana.
Lula promueve la creación de un fondo global que recompense a los países tropicales por proteger sus selvas, y que priorice la adaptación al cambio climático, una de las demandas más urgentes de las naciones vulnerables.
“Esto no es caridad, es una necesidad”, sostuvo Evans Njewa, diplomático de Malaui y presidente del bloque de Países Menos Adelantados, que reclama un aumento del financiamiento climático a 1,3 billones de dólares anuales para 2035.
“Para muchos de nuestros países, no podremos adaptarnos si se supera el umbral de dos grados”, advirtió Ilana Seid, representante de Palaos y presidenta de la Alianza de Pequeños Estados Insulares.
Pese a reconocer las dificultades, Lula propone una “hoja de ruta para reducir el uso de combustibles fósiles”. “Es una conversación difícil, pero inevitable”, aseguró.
En un escenario de promesas incumplidas y desconfianza creciente, la cumbre de Belém busca reavivar el espíritu del Acuerdo de París y mantener viva la cooperación por el medio ambiente.
El desafío, no obstante, será transformar los discursos en acciones que frenen el avance del cambio climático y aseguren un futuro sostenible para las próximas generaciones.