Diez años después del 13-N: el trauma invisible que aún persiste en las familias de los atentados de París
noviembre 13, 2025
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A una década de los atentados que sacudieron Francia, un nuevo estudio revela cómo el trauma sigue afectando a las familias y a los hijos de las víctimas.
Diez años después de los atentados del 13 de noviembre, Franciavuelve a mirar hacia atrás.
Un nuevo estudio muestra que el trauma de aquella noche de terror en París, cuando 130 personas murieron en una serie de ataques coordinados, sigue afectando profundamente a las familias de las víctimas y a sus hijos, muchos de los cuales eran pequeños o aún no habían nacido.
Los investigadores franceses han encontrado que los efectos psicológicos de los atentados siguen presentes una década después, y que el trauma se ha transmitido incluso a la siguiente generación.
“Los padres traumatizados modificaron su manera de educar, lo que tuvo un efecto dominó sobre sus hijos”, explica la neuropsicóloga Bérengère Guillery, quien dirige el estudio sobre resiliencia y transmisión del trauma.
Entre los testimonios está el de Caroline Jolivet, quien perdió a su marido, Christophe, en la sala Bataclan. “Tenía que seguir adelante por mis hijos, aunque no sabía cómo”, recuerda.
Sus hijos, que entonces tenían 2 y 6 años, crecieron con miedo a la noche y una profunda sensación de pérdida. “Decían que no deberían haberlo dejado salir”, cuenta.
Francia y un trauma colectivo
El estudio, que analiza a 240 personas que eran menores de edad durante los ataques, busca comprender cómo el trauma se transmite y cómo algunas familias logran adaptarse. Se realizan entrevistas, análisis hormonales y pruebas cognitivas para medir la resiliencia psicológica.
Los resultados preliminares muestran que los niños que perdieron a uno o ambos padres tienen más riesgo de desarrollar depresión o estrés postraumático, pero también destacan casos de fortaleza y reconstrucción. “El trauma también unió a ciertas familias”, explica Guillery. “Queremos entender cómo lograron sobreponerse”.
Los investigadores destacan que los efectos del 13 de noviembre no se limitan al pasado: se reactivan en cada aniversario y cuando las víctimas forman sus propias familias. Para muchos, el trauma se ha convertido en parte de su identidad. “El desafío —dice Guillery— es integrarlo sin que destruya”.
Una segunda fase del estudio analizará a los hijos de quienes vivieron los atentados pero nacieron después, para investigar si el trauma puede transmitirse incluso a nivel genético.
A diez años del horror, Francia sigue enfrentando las secuelas invisibles de los atentados que marcaron a París y al mundo entero.