La ‘autopista perdida’ de dinosaurios en Bolivia reescribe la conexión prehistórica entre Perú y Argentina
diciembre 9, 2025
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El hallazgo de 16.600 huellas en Toro Toro revela una ruta que unió a Bolivia, Perú y Argentina, mostrando el tránsito de gigantescos dinosaurios hace 66 millones de
Un descubrimiento monumental en el altiplano central de Bolivia ha redefinido nuestra comprensión de la vida en Sudamérica durante el final del Cretácico.
Un equipo internacional de paleontólogos documentó 16.600 huellas de dinosaurios, el mayor conjunto de rastros de terópodos jamás registrado, en el Parque Nacional Toro Toro.
Este excepcional hallazgo sugiere la existencia de una antigua ruta natural que conectaba lo que hoy es el sur de Perú con el noroeste de Argentina, y que habría sido utilizada por criaturas de tamaños extremadamente diferentes: desde colosales dinosaurios de diez metros hasta pequeños terópodos del tamaño de un pollo.
Durante décadas, la población local relató mitos sobre las enormes impresiones tridáctilas que aparecían en las mesetas bolivianas. Se decía que provenían de monstruos capaces de hundir sus garras en la roca sólida.
Sin embargo, las investigaciones científicas iniciadas en la década de 1960 descartaron las leyendas y confirmaron que las huellas fueron dejadas por dinosaurios bípedos que cruzaron antiguos humedales hace aproximadamente 66 millones de años, cuando la región era un paisaje dominado por lagos y corrientes sedimentarias.
El reciente estudio, publicado en la revista PLOS One, es el resultado de seis años de visitas sistemáticas al sitio por parte de especialistas de la Universidad Loma Linda, dirigidos por el paleontólogo español Raúl Esperante.
Los investigadores descubrieron miles de huellas perfectamente conservadas, muchas de ellas pertenecientes a terópodos, el grupo que incluye al Tyrannosaurus rex. Según el coautor Roberto Biaggi, “no existe otro lugar en el mundo con semejante abundancia de rastros de terópodos”.
Caminatas de los dinosaurios por el camino
Además del registro de caminatas, los expertos encontraron 1.378 marcas asociadas al intento de los dinosaurios por nadar. Estas impresiones fueron creadas cuando los animales arañaron el sedimento blando del fondo de un antiguo lago, poco antes de que los niveles de agua subieran y sellaran para siempre sus movimientos diarios.
Para muchos paleontólogos, la preservación encontrada en Toro Toro constituye una de las ventanas más claras al comportamiento de las criaturas del Cretácico tardío.
Aunque estas huellas sobrevivieron intactas durante millones de años, la actividad humana moderna casi acaba con ellas.
Agricultores locales usaron las planicies como zonas de cultivo; trabajadores de canteras dinamitaron capas de roca sin advertir que contenían rastros fósiles; e incluso, hace apenas dos años, una obra vial estuvo a punto de destruir un sector clave del yacimiento.
El parque nacional intervino para evitar daños mayores, pero los científicos advierten que la amenaza sigue presente.
Curiosamente, a pesar de la enorme cantidad de huellas, la región carece casi por completo de restos óseos. Esto contrasta con otras zonas sudamericanas ricas en esqueletos fósiles, como la Patagonia argentina.
Los expertos proponen dos explicaciones: la actividad humana que pudo destruir evidencias o, más probablemente, que los dinosaurios no residían de manera permanente en la zona.
En cambio, el patrón uniforme de las huellas sugiere que el lugar funcionaba como un corredor natural, una especie de autopista prehistórica utilizada por animales que se desplazaban estacionalmente desde Perú hacia Argentina siguiendo la línea costera de un antiguo lago.
Diferentes tamañas de pisadas
La variedad de tamaños en las huellas refuerza esta teoría. Las impresiones indican que grandes terópodos de diez metros marchaban junto a individuos minúsculos de apenas 32 centímetros de altura en la cadera.
Para los científicos, este comportamiento grupal aporta evidencia valiosa sobre la estructura social y los hábitos migratorios de los dinosaurios al final del Cretácico, poco antes del impacto del asteroide que terminaría con el 75 % de la vida en la Tierra.
Los investigadores también destacaron la precisión con la que las huellas permiten reconstruir comportamientos: cambios de velocidad, giros repentinos, pausas y hasta indecisiones quedan marcadas en la piedra.
Según Anthony Romilio, paleontólogo de la Universidad de Queensland, las huellas “revelan lo que los esqueletos no pueden”, ofreciendo una narrativa dinámica del paso de estos animales por la región.
A pesar de los avances, persisten varios enigmas. Los científicos no saben por qué los dinosaurios acudían con tanta frecuencia a esta meseta ventosa.
Algunos sostienen que era un lago de agua dulce que ofrecía zonas de descanso y alimento, mientras que otros creen que los animales podrían estar huyendo de un evento ambiental o en búsqueda de nuevos territorios.
Lo que sí está claro es que el yacimiento sigue lejos de estar completamente explorado. Existen áreas periféricas donde se sospecha que podrían hallarse miles de huellas adicionales. Para Biaggi, “la investigación continuará por años; apenas estamos viendo la superficie de todo lo que Toro Toro tiene para ofrecer”.