Venezuela: cae Tareck El Aissami, exsuperministro de Maduro, por corrupción en el petróleo
abril 14, 2024
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La detención de Tareck El Aissami, figura clave del chavismo, reabre el mayor escándalo de corrupción en el sector petrolero de Venezuela bajo el gobierno de Maduro.
La detención de Tareck El Aissami, exministro de Petróleo y expresidente de la estatal PDVSA, marca uno de los episodios políticos más relevantes de los últimos años en Venezuela.
Considerado durante más de una década como uno de los hombres más poderosos del chavismo, su arresto por una vasta trama de corrupción en el sector petrolero sacude el corazón del poder que lidera Nicolás Maduro.
El fiscal general Tarek William Saab confirmó que El Aissami fue arrestado junto al exministro de Finanzas Simón Zerpa, acusados de encabezar una estructura criminal que habría operado dentro de entidades estatales, especialmente en PDVSA.
Según la Fiscalía, ambos enfrentarán cargos por delitos graves vinculados al desvío de recursos públicos y la legitimación de capitales.
El Aissami había desaparecido de la escena pública en marzo de 2023, cuando anunció su renuncia en medio del escándalo conocido como “PDVSA-Cripto”, una investigación que reveló presuntas ventas irregulares de petróleo venezolano cobradas mediante criptomonedas y sin ingresar los fondos a las arcas del Estado.
Desde entonces, su paradero fue objeto de especulación constante dentro y fuera del país.
Del ascenso al núcleo del poder
Nacido en Venezuela y de ascendencia siria, Tareck El Aissami construyó su carrera política dentro del chavismo desde sus primeros años.
Abogado y criminólogo, fue diputado, viceministro y ministro del Interior durante el gobierno de Hugo Chávez, para luego convertirse en gobernador del estado Aragua, una región simbólica para el movimiento bolivariano.
Su ascenso se consolidó con la llegada de Nicolás Maduro al poder. En 2017 fue designado vicepresidente ejecutivo encargado del área económica, en un contexto de protestas masivas, crisis económica y creciente aislamiento internacional.
Desde ese cargo, El Aissami se convirtió en uno de los rostros más duros del oficialismo y en un defensor frontal del modelo chavista frente a la oposición.
Posteriormente, ocupó los ministerios de Industrias y de Petróleo, desde donde asumió el control de PDVSA, la principal fuente de ingresos del país. Para entonces, la empresa ya había sido golpeada por años de mala gestión, sanciones internacionales y múltiples denuncias de corrupción.
Las acusaciones en su contra
Según la Fiscalía venezolana, El Aissami es acusado de traición a la patria, apropiación de patrimonio público, tráfico de influencias, legitimación de capitales y asociación para delinquir.
Saab afirmó que el exministro habría eludido controles administrativos para la comercialización de petróleo, coque y fuel oil, utilizando esquemas opacos y operaciones con criptodivisas.
Las autoridades sostienen que estas maniobras provocaron un “daño patrimonial incalculable” al Estado venezolano y constituyeron una forma de “terrorismo económico”. La detención de El Aissami habría sido posible gracias a declaraciones de otros implicados ya arrestados en la causa PDVSA-Cripto.
La mirada internacional
En 2017, el gobierno de Estados Unidos, entonces presidido por Donald Trump, lo sancionó por presuntos vínculos con el narcotráfico internacional.
Washington lo acusó de utilizar su posición de poder para facilitar operaciones ilícitas y señaló a su socio Samark López Bello como supuesto testaferro.
En 2019, el Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE) lo incluyó en la lista de los más buscados, aunque su caída no se produjo en el exterior sino dentro del propio sistema chavista.
Un golpe político para Maduro
La detención de El Aissami representa un mensaje interno de Maduro hacia el oficialismo y también hacia la comunidad internacional.
Mientras el gobierno insiste en que combate la corrupción, analistas señalan que el caso expone la profundidad de las irregularidades dentro del aparato estatal y del estratégico sector petrolero.
A más de un año de su desaparición pública, su arresto responde parcialmente a una pregunta que recorría a la sociedad venezolana: dónde estaba El Aissami y cuál era su situación real.
Aún quedan interrogantes abiertas sobre el alcance de la trama, los responsables finales y el impacto político que tendrá este caso en el futuro del poder en Venezuela.