Trump rebautiza el Centro Kennedy y profundiza su impronta cultural en Washington
- diciembre 19, 2025
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El presidente de Estados Unidos, Trump, impulsa un giro simbólico al renombrar el Centro Kennedy, desatando un nuevo debate político y cultural.
El presidente de Estados Unidos, Trump, impulsa un giro simbólico al renombrar el Centro Kennedy, desatando un nuevo debate político y cultural.
El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, volvió a sacudir el escenario político y cultural de Washington al aprobar el cambio de nombre del emblemático Centro Kennedy de Artes Escénicas, que pasará a llamarse oficialmente Centro Trump-Kennedy.
La decisión fue adoptada por unanimidad por la junta ejecutiva de la institución, actualmente presidida por el propio mandatario.
El anuncio lo realizó la portavoz de la Casa Blanca, Karoline Leavitt, quien confirmó que la modificación responde al “compromiso personal” de Trump con la revitalización del principal complejo cultural del país.
El centro, inaugurado en 1971 en homenaje al expresidente John F. Kennedy, asesinado en 1963, representa un símbolo histórico de las artes escénicas en la capital estadounidense.
Según Leavitt, Trump considera que la institución atravesaba una “crisis de identidad y gestión” antes de su regreso al poder en enero.
“El presidente Trump asumió el desafío de salvar y modernizar el Centro Kennedy. Este nuevo nombre representa una alianza histórica entre dos figuras presidenciales”, afirmó la vocera en redes sociales.
El nombre del Centro Kennedy fue establecido mediante una ley federal, por lo que la modificación deberá ser ratificada por el Congreso de Estados Unidos, donde actualmente el Partido Republicano mantiene mayoría en ambas cámaras.

Aun así, fuentes cercanas a la Casa Blanca dan por hecho que la aprobación legislativa será un trámite.
El mandatario ya había insinuado la posibilidad de rebautizar el Centro Kennedy durante una visita del 5 de diciembre, cuando el complejo albergó el sorteo oficial del Mundial de Fútbol 2026, que Estados Unidos organizará junto a México y Canadá.
Tras asumir su segundo mandato, Donald Trump disolvió la junta directiva anterior y la reemplazó por aliados políticos y figuras cercanas a su entorno.
Luego, se autoproclamó presidente de la institución y anunció una “limpieza ideológica” del contenido artístico, con el objetivo de eliminar lo que calificó como influencias “woke” dentro de la programación cultural.
Desde entonces, el Centro Kennedy experimentó una transformación acelerada: en la última edición de los Premios Kennedy, Trump asumió un rol central como presentador y entregó galardones a Sylvester Stallone, Gloria Gaynor y la banda Kiss, en una gala que rompió con las tradiciones históricas del evento.
Además, el mandatario rebautizó con su apellido el Instituto de la Paz de Estados Unidos y ordenó una revisión integral de los contenidos del Instituto Smithsonian, organismo que administra los principales museos de Washington, con el objetivo de alinearlos con su visión histórica y política.
Uno de los gestos más polémicos fue la inauguración del Paseo de la Fama Presidencial dentro de la Casa Blanca. Allí, Trump ordenó la colocación de nuevas placas explicativas bajo los retratos de los expresidentes, con mensajes críticos dirigidos especialmente a los demócratas Biden y Obama.
La inscripción dedicada a Biden lo califica como “el peor presidente en la historia de Estados Unidos” y sustituye su imagen por un bolígrafo automático, en alusión a la supuesta falta de control del exmandatario sobre sus decisiones.
En el caso de Obama, la placa lo define como “una de las figuras más divisivas del país” y emplea su nombre completo, Barack Hussein Obama, una referencia cargada de connotaciones políticas.

El Paseo también incluye comentarios sobre Bill Clinton, cuya gestión económica es elogiada “a pesar de los escándalos”, y sobre Ronald Reagan, a quien Trump describe como vencedor de la Guerra Fría y un precursor ideológico de su propio movimiento político.
Además del rebautismo de edificios, Trump ordenó la construcción de un nuevo salón de baile en la Casa Blanca, incorporó decoraciones doradas y colgó retratos suyos durante su mandato, rompiendo con una tradición centenaria.
El cambio de nombre del Centro Trump-Kennedy se suma así a una serie de decisiones que profundizan la polarización cultural en Estados Unidos, mientras el legado del apellido Kennedy vuelve al centro del debate político contemporáneo.