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América Latina vota en 2026 bajo la sombra de Trump y una región cada vez más polarizada

  • enero 2, 2026
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Cinco países de América Latina irán a las urnas en 2026 en un clima de alta polarización, con Donald Trump buscando influir en elecciones clave de la región.

América Latina vota en 2026 bajo la sombra de Trump y una región cada vez más polarizada

Las elecciones que se celebrarán en América Latina en 2026 marcarán un punto de inflexión político para la región.

Cinco países —Costa Rica, Perú, Colombia, Haití y Brasil— renovarán sus autoridades en un escenariLo atravesado por la polarización, la crisis económica y una incógnita que gana peso: el rol que pueda jugar Trump en los procesos electorales fuera de Estados Unidos.

No se trata de una pregunta teórica. A lo largo de 2025, Trump demostró que está dispuesto a usar el poder político y financiero de Estados Unidos para incidir en elecciones latinoamericanas.

Lo hizo en Argentina y Honduras, donde respaldó públicamente a fuerzas de derecha y advirtió sobre posibles recortes de ayuda económica si esos espacios eran derrotados.

En ambos casos, los candidatos apoyados por Trump se impusieron en las urnas, al igual que ocurrió en Ecuador con la reelección de Daniel Noboa.

Ese antecedente convierte a 2026 en un año clave. Además de definir liderazgos nacionales, los comicios pondrán en juego el peso continental de la izquierda, hoy en el poder en Brasil y Colombia, dos de las mayores democracias de la región.

Un calendario cargado y diverso

El primer turno electoral será en Costa Rica, el 1° de febrero. Allí se elegirán presidente, vicepresidentes y la Asamblea Legislativa. El actual mandatario, Rodrigo Chaves, no puede reelegir, pero conserva altos niveles de aprobación que podrían beneficiar a la candidata de su espacio, Laura Fernández.

El proceso ya genera tensión institucional por denuncias de intervención indebida del Ejecutivo.

En Perú, las elecciones del 2 de abril se desarrollarán en un contexto de fragmentación inédita. Más de 30 candidatos aspiran a la presidencia, entre ellos el alcalde de Lima, Rafael López Aliaga, simpatizante declarado de Trump, y Keiko Fujimori, que buscará por cuarta vez llegar al poder.

La inseguridad y la apatía política dominan el clima social, lo que abre la puerta a resultados imprevisibles.

Colombia enfrentará uno de los procesos más largos y tensos del año. Con elecciones legislativas en marzo y presidenciales entre mayo y junio, el país se encamina a una disputa entre un bloque oficialista de izquierda y una oposición de derecha con múltiples aspirantes.

La figura del presidente Gustavo Petro, con altos niveles de rechazo pero un núcleo duro de apoyo, será determinante para definir el rumbo del oficialismo.

Haití, en tanto, intenta organizar sus primeras elecciones en casi una década, en medio de una crisis humanitaria y una violencia extrema. Sin garantías de seguridad ni financiamiento, el proceso sigue envuelto en incertidumbre.

Brasil y el factor decisivo

El plato fuerte llegará en octubre con las elecciones generales en Brasil. Luiz Inácio Lula da Silva aparece como favorito para buscar la reelección frente a una derecha fragmentada tras la condena de Jair Bolsonaro por intento de golpe de Estado.

La polarización es tal que incluso campañas publicitarias comerciales generan boicots políticos.

Paradójicamente, el enfrentamiento previo entre Lula y Trump terminó fortaleciendo al presidente brasileño, que capitalizó el conflicto como una defensa de la soberanía nacional. Para los analistas, Brasil podría ser el único país donde la injerencia de Trump benefició a un gobierno de izquierda.

¿Cuánto puede influir Trump?

La gran incógnita es si Trump repetirá su estrategia de intervención directa en 2026 y si esa táctica seguirá dando resultados.

Expertos advierten que, en países como Colombia o Brasil, una intromisión explícita podría generar un efecto rebote y fortalecer a los candidatos que se presentan como defensores de la autonomía nacional frente a Estados Unidos.

Lo cierto es que las elecciones de 2026 no solo definirán gobiernos, sino también el equilibrio político de América Latina en un contexto global cada vez más inestable, donde figuras externas como Donald Trump ya demostraron que están dispuestas a jugar fuerte.

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