Canadá desafía el nuevo orden global en Davos y apunta contra Trump y las grandes potencias
- enero 18, 2026
- 0
En Davos, Canadá cuestionó el poder de las grandes potencias. Mark Carney criticó a Trump y llamó a las potencias medias a actuar juntas.
En Davos, Canadá cuestionó el poder de las grandes potencias. Mark Carney criticó a Trump y llamó a las potencias medias a actuar juntas.
El primer ministro de Canadá, Mark Carney, pronunció uno de los discursos más duros y conceptualmente profundos del Foro Económico Mundial de Davos, al advertir sobre la ruptura del orden internacional y cuestionar abiertamente la conducta de las grandes potencias, en particular Estados Unidos bajo el liderazgo de Trump.
En un contexto global marcado por tensiones geopolíticas, conflictos armados y disputas territoriales, Carney llamó a las potencias medias a abandonar la pasividad y construir un nuevo esquema de cooperación basado en valores y autonomía estratégica.
Carney fue uno de los primeros oradores del encuentro anual en Suiza y eligió un tono directo para describir lo que definió como “el fin de una grata ficción”: la idea de que el orden internacional basado en normas sigue funcionando como garante de estabilidad y prosperidad.
“Si no estamos en la mesa, estamos en el menú”, afirmó, en una frase que sintetizó el espíritu de su intervención y que rápidamente se convirtió en una de las más citadas del foro.
El primer ministro canadiense sostuvo que las grandes potencias —Estados Unidos, China y Rusia— utilizan su peso económico, financiero y militar para imponer condiciones a países más pequeños, erosionando la cooperación internacional.
Según su diagnóstico, una sucesión de crisis financieras, sanitarias, energéticas y geopolíticas terminó por quebrar el equilibrio institucional que había regido durante décadas.
En ese marco, Carney reconoció que Canadá se benefició históricamente de la hegemonía estadounidense, pero advirtió que esa relación ya no ofrece las garantías del pasado.

A su juicio, el mundo ingresó en una etapa de rivalidad abierta entre potencias, donde la integración económica dejó de ser un mecanismo de beneficio mutuo para convertirse en una herramienta de coerción.
Las referencias a Trump no fueron explícitas al inicio, pero se volvieron centrales cuando Carney abordó la cuestión de Groenlandia.
El premier expresó el “firme apoyo” de Canadá a Groenlandia y Dinamarca, subrayando su derecho exclusivo a decidir su futuro, luego de que el presidente estadounidense insistiera públicamente en la posibilidad de avanzar sobre ese territorio. Para Carney, ese tipo de planteos reflejan una lógica de poder sin límites y confirman que el sistema de gobernanza global liderado por Estados Unidos “no volverá a ser el mismo” tras Trump.
Durante su discurso, el jefe de gobierno canadiense recurrió al pensador checo Václav Havel y a su ensayo El poder de los sin poder para ilustrar cómo los sistemas se sostienen no solo por la fuerza, sino por la aceptación silenciosa de ficciones compartidas.
En ese sentido, llamó a gobiernos y empresas a “retirar el cartel de la vidriera” y dejar de fingir que las reglas funcionan de manera equitativa.
Carney alertó que la respuesta de muchos países a esta nueva realidad ha sido buscar una mayor autonomía estratégica en sectores clave como energía, alimentos, minerales críticos, finanzas y cadenas de suministro.
Si bien consideró comprensible ese impulso, advirtió que un mundo de fortalezas nacionales sería más pobre, frágil e inestable.
Frente a ese escenario, propuso una alternativa: que las potencias medias actúen juntas para compartir costos, reducir vulnerabilidades y construir nuevas coaliciones flexibles, basadas en valores comunes.
Según explicó, Canadá está avanzando en esa dirección mediante una política exterior pragmática pero principista, que combina la defensa de la soberanía, los derechos humanos y la integridad territorial con una lectura realista del contexto global.

El primer ministro detalló que su gobierno está fortaleciendo la economía doméstica mediante recortes impositivos, eliminación de barreras internas al comercio y fuertes inversiones en energía, inteligencia artificial y minerales críticos. En paralelo, Canadá aceleró su diversificación internacional, firmando acuerdos estratégicos con la Unión Europea, países de Asia y América Latina, y profundizando su rol en la OTAN y en el apoyo a Ucrania.
En Davos, Carney también destacó que Canadá busca impulsar un nuevo multilateralismo “no ingenuo”, basado en coaliciones funcionales para cada problema concreto, desde el comercio hasta la seguridad y la inteligencia artificial.
El objetivo, sostuvo, es evitar quedar atrapado entre hegemones y preservar la capacidad de decisión propia.
Hacia el cierre, el premier remarcó que Canadá cuenta con recursos estratégicos, capital humano, estabilidad institucional y valores democráticos que la convierten en un socio confiable en un mundo volátil. Pero subrayó que el principal desafío es asumir la realidad sin nostalgia.
“El viejo orden no va a volver. La nostalgia no es una estrategia”, afirmó. Con un mensaje que combinó crítica, autocrítica y propuesta, el discurso de Mark Carney se posicionó como uno de los más influyentes de Davos, al poner en palabras las inquietudes de numerosos países que, sin ser grandes potencias, buscan no quedar relegados en un escenario internacional cada vez más áspero y competitivo.