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Jamenei advierte a Estados Unidos: Irán amenaza con una guerra regional si hay un ataque estadounidense

  • enero 29, 2026
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El líder supremo de Irán alertó que un ataque de Estados Unidos provocaría una guerra regional, mientras crecen las tensiones militares y diplomáticas en el Golfo.

Jamenei advierte a Estados Unidos: Irán amenaza con una guerra regional si hay un ataque estadounidense

El líder supremo de Irán, el ayatolá Alí Jamenei, advirtió que un eventual ataque de Estados Unidos desencadenaría de manera inevitable una guerra regional de gran escala.

En un contexto marcado por el reforzamiento de la presencia militar estadounidense en el Golfo Pérsico y una intensa pulseada diplomática para evitar una nueva escalada bélica en Medio Oriente.

La advertencia se produjo luego del despliegue de buques de guerra norteamericanos en aguas cercanas a Irán, una señal de presión directa de Washington en medio del estancamiento de las negociaciones sobre el programa nuclear iraní.

En un discurso pronunciado en Teherán, Jamenei sostuvo que las demostraciones de poder militar de Estados Unidos no intimidan ni al gobierno ni al pueblo iraní.

“Los estadounidenses deben saber que, si inician una guerra, esta vez no será limitada: será una guerra regional”, afirmó el líder supremo, según reportó la agencia oficial Tasnim. Jamenei aseguró que Irán no busca un conflicto armado, pero advirtió que responderá con contundencia ante cualquier agresión.

“La nación iraní dará un golpe decisivo a quien se atreva a atacarla”, enfatizó.

Las declaraciones se produjeron mientras Estados Unidos refuerza su presencia militar en la región con el envío del portaaviones USS Abraham Lincoln, acompañado por destructores con misiles guiados y miles de efectivos adicionales.

La Casa Blanca sostiene que el despliegue tiene un carácter disuasivo y busca presionar a Teherán para que acepte un nuevo acuerdo nuclear, aunque mantiene abierta la opción militar.

El comunicado por parte de Estados Unidos

El presidente estadounidense, Trump, aseguró que aún espera alcanzar una solución diplomática con Irán. Sin embargo, ratificó que “todas las opciones están sobre la mesa” si no se logra un entendimiento.

Desde Teherán, esa combinación de amenazas y llamados al diálogo es vista como una estrategia de presión que recuerda a episodios previos de máxima tensión entre ambos países.

En paralelo al discurso de Jamenei, el ministro de Exteriores iraní, Abbas Araqchi, advirtió que una guerra entre Irán y Estados Unidos sería “una catástrofe para todos”, aunque remarcó que ese escenario no es inevitable.

El canciller afirmó que aún existen canales indirectos de comunicación y que un acuerdo sigue siendo posible si Washington ofrece garantías creíbles.

Araqchi explicó que un conflicto armado tendría consecuencias inmediatas en toda la región, debido a la dispersión de bases militares estadounidenses en Medio Oriente y a la red de alianzas y actores armados involucrados.

No sería una guerra contenida. Grandes partes de la región se verían arrastradas al conflicto, con consecuencias imprevisibles”, advirtió.

El canciller subrayó que Irán no busca desarrollar armas nucleares, pero insistió en que cualquier nuevo acuerdo debe reconocer su derecho al enriquecimiento de uranio con fines pacíficos y contemplar el levantamiento de las sanciones económicas.

Al mismo tiempo, rechazó negociar sobre el programa de misiles balísticos o la política regional iraní, condiciones exigidas por Washington y sus aliados.

Irán también responde

Jamenei también aprovechó su discurso para referirse a las protestas antigubernamentales registradas entre diciembre y enero, que sacudieron varias ciudades iraníes.

Según el líder supremo, esas manifestaciones formaron parte de un plan de desestabilización impulsado desde el exterior con el objetivo de debilitar al Estado iraní.

“Se atacaron centros gubernamentales, fuerzas de seguridad, bancos y mezquitas. Incluso se quemó el Corán. Eso no fue una protesta legítima, fue un intento de golpe de Estado”, afirmó, justificando la dura represión ordenada por las autoridades.

Mientras el gobierno reconoce más de 3.000 muertos, organizaciones de derechos humanos estiman un saldo significativamente mayor.

La tensión también se trasladó al plano internacional. Francia calificó de “infundada” la decisión de Irán de declarar terroristas a los ejércitos de los países de la Unión Europea, una medida adoptada en respuesta a la inclusión del Cuerpo de Guardianes de la Revolución Islámica en la lista comunitaria de organizaciones terroristas.

En ese contexto, actores regionales como Qatar, Omán y Egipto intensificaron gestiones diplomáticas para evitar una escalada.

El presidente iraní, Masoud Pezeshkian, sostuvo que una guerra no beneficiaría ni a Irán, ni a Estados Unidos, ni a la estabilidad de Medio Oriente.

Entre advertencias cruzadas, presión militar y negociaciones indirectas, la crisis permanece contenida, aunque sostenida por un frágil equilibrio entre disuasión y diplomacia.

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