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Estados Unidos y Rusia retoman contactos militares tras quedar sin límites nucleares

  • febrero 6, 2026
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Tras la expiración del tratado New START, Estados Unidos y Rusia acordaron reabrir canales militares para evitar escaladas y reducir riesgos estratégicos.

Estados Unidos y Rusia retoman contactos militares tras quedar sin límites nucleares

La finalización del tratado New START, el último gran acuerdo de control de armas nucleares entre Estados Unidos y Rusia, marcó un punto de inflexión en la arquitectura de seguridad internacional. 

Con el vencimiento del pacto, ambas potencias quedaron por primera vez en más de cinco décadas sin un marco legal que limite y verifique sus arsenales estratégicos. 

En este contexto de incertidumbre, Washington y Moscú acordaron reanudar el diálogo militar de alto nivel, una señal destinada a contener riesgos y evitar errores de cálculo en un escenario cada vez más volátil.

El Pentágono confirmó que los contactos entre mandos militares se restablecerán tras lo que calificó como “avances productivos y constructivos” en recientes conversaciones diplomáticas vinculadas al conflicto en Ucrania, celebradas en Abu Dabi. 

Steve Witkoff

En esos encuentros participaron el enviado especial del presidente Trump, Steve Witkoff, y Jared Kushner, yerno del mandatario, lo que sugiere un intento de la Casa Blanca por combinar canales formales e informales para recomponer una relación deteriorada.

Desde Moscú, autoridades rusas señalaron que la expiración del New START implica que el país ya no está legalmente limitado en la cantidad de ojivas nucleares estratégicas que puede desplegar. 

La declaración encendió alertas en la comunidad internacional, que observa con preocupación la posibilidad de una nueva carrera armamentista. 

En un comunicado, el Comando Europeo de las Fuerzas Armadas estadounidenses subrayó que “mantener el diálogo entre fuerzas armadas es un factor clave para la estabilidad y la paz globales”, al tiempo que remarcó la necesidad de transparencia y mecanismos de desescalada.

De qué se trataba el New START

Hasta su vencimiento, el New START establecía límites estrictos: un máximo de 1.550 ojivas nucleares estratégicas desplegadas y 700 vectores activos para cada país. 

Según cifras recientes, Estados Unidos contaba con unas 1.770 ojivas desplegadas y Rusia con aproximadamente 1.718, números que ya reflejaban tensiones respecto del espíritu del acuerdo.

Más allá de las armas desplegadas, ambas potencias poseen miles de ojivas adicionales almacenadas o retiradas. 

El inventario total estadounidense asciende a unas 5.177 cabezas nucleares, mientras que el ruso alcanza las 5.459, lo que convierte a Moscú en el país con mayor número de armas nucleares del mundo. En conjunto, Washington y Moscú concentran cerca del 87 % del arsenal nuclear global.

De acuerdo con datos del Instituto Internacional de Estocolmo para la Investigación de la Paz (SIPRI), existen actualmente unas 12.241 armas nucleares en el mundo, repartidas entre nueve países. 

De ese total, alrededor de 9.614 se consideran potencialmente operativas y más de 3.900 están desplegadas, incluidas unas 2.100 en estado de alerta inmediata sobre misiles balísticos. 

Este nivel de disponibilidad refuerza el temor a que la falta de límites verificables incremente el riesgo de una escalada accidental o deliberada.

Qué pasa a nivel global con este tratado

El fin del New START también tiene implicancias más allá de Estados Unidos y Rusia. Expertos en desarme advierten que el vacío legal podría incentivar a otras potencias, en particular China, a expandir sus arsenales. 

Pekín cuenta con unas 600 armas nucleares y, aunque solo una fracción está desplegada, su modernización militar es seguida de cerca por Washington y sus aliados. 

En Europa, la OTAN llamó públicamente a la “responsabilidad y moderación” de las potencias nucleares, en un intento por frenar una dinámica de confrontación.

Obama y Dimitri Medvédev firmando el pacto por primera vez

Históricamente, los acuerdos de control de armas entre Washington y Moscú funcionaron no solo como instrumentos de limitación cuantitativa, sino también como canales de comunicación en tiempos de crisis. 

Desde la Guerra Fría, estos mecanismos ayudaron a reducir la desconfianza mutua y a establecer reglas claras incluso en momentos de máxima tensión. 

La desaparición de ese andamiaje deja a la diplomacia y a los contactos militares directos como las únicas herramientas para evitar choques mayores.

En este escenario, la reanudación del diálogo militar de alto nivel aparece como una medida pragmática, aunque insuficiente para reemplazar un tratado formal. 

Analistas señalan que, sin compromisos jurídicamente vinculantes, los intercambios entre mandos militares solo pueden mitigar riesgos inmediatos, pero no frenar una eventual expansión de arsenales.

El futuro del control nuclear dependerá, en gran medida, de si Estados Unidos y Rusia logran transformar estos contactos iniciales en negociaciones más amplias. 

Mientras tanto, el mundo entra en una etapa inédita desde el final de la Guerra Fría: una era sin límites verificables al poder destructivo de las principales potencias nucleares, sostenida apenas por la frágil combinación de disuasión y diálogo.

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