Memoria española: identifican a dos republicanos asesinados en 1936 vinculados al club Osasuna
diciembre 12, 2025
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El Banco de ADN de Navarra confirmó la identidad de Ramón Bengaray y Dionisio Gutiérrez, dos navarros represaliados cuyo rastro estuvo perdido por décadas.
El Gobierno de Navarra confirmó la identificación de los restos de Ramón Bengaray Zabalza y Dionisio Gutiérrez Ijalba, exhumados en Muniáin de Guesálaz el pasado verano.
Ambos fueron asesinados tras el golpe militar de 1936, en un episodio que vuelve a situar a España ante la tarea de reconstruir su memoria histórica.
La identificación realizada por el Instituto Navarro de la Memoria y el Banco de ADN no solo aporta certezas biográficas largamente buscadas, sino que también reabre el debate sobre el impacto de la represión en figuras públicas vinculadas al deporte, como el Club Atlético Osasuna, y su persecución bajo el régimen de Francisco Franco.
El Club Atlético Osasuna quiere mostrar su emoción por el hallazgo de los restos de nuestro exdirectivo Ramón Bengaray, asesinado en 1936, y quiere trasladar a su familia y seres queridos el reconocimiento y afecto de la entidad.https://t.co/DBjGpBH02z
Ramón Bengaray, dirigente de Izquierda Republicana y presidente del Frente Popular en Navarra, fue un personaje profundamente involucrado en la vida cultural y social de Pamplona.
Barítono del Orfeón Pamplonés, impresor, periodista y deportista, llegó a formar parte de la directiva de Osasuna entre 1931 y 1935. Su desaparición en agosto de 1936 dejó un vacío histórico que recién ahora comienza a esclarecerse.
Su cuerpo fue hallado junto al de Dionisio Gutiérrez, mecánico y vecino de Pamplona, cuya familia también tenía vínculos con la militancia izquierdista.
Uno de los elementos más significativos del proceso de identificación ha sido la participación de la diáspora argentina. El nieto de Bengaray, residente en este país, había aportado muestras genéticas hace años, lo que permitió comparar y confirmar la identidad del cráneo hallado.
En el caso de Gutiérrez, su hijo José Luis fue clave para determinar el vínculo biológico. Los investigadores del Instituto Navarro de la Memoria subrayan que no existían documentos que ubicaran la muerte de ambos hombres en Muniáin, por lo que el hallazgo ha sido especialmente revelador.
La reconstrucción, una España con historia
La reconstrucción histórica disponible confirma que Bengaray fue detenido por la Guardia Civil la madrugada del 21 de agosto de 1936. La prensa local publicó la noticia lo que llamó la atención de los especialistas.
En cuanto a Gutiérrez, se sabe que procedía de una familia comprometida políticamente: su hermano Zósimo fue carabinero en Lesaka y sufrió cárcel y sanciones durante el franquismo por mantener su lealtad a la República. La hermana del propio Dionisio, Juana, terminó en el exilio francés.
Las circunstancias de los asesinatos continúan sin aclararse. Los registros penitenciarios no muestran su paso por prisiones de Navarra, como la Provincial o el Fuerte de SanCristóbal, lo que sugiere ejecuciones extrajudiciales, un patrón común durante los primeros meses de la guerra.
Las fechas otorgadas por sus familiares al inscribir sus muertes coinciden con el periodo en el que se intensificó la violencia política de los golpistas. En Navarra, actuaban tanto fuerzas policiales como milicias carlistas y escuadrones falangistas.
El hallazgo de los restos en 2024 fue posible gracias a la colaboración de asociaciones memorialistas como Txinparta y Affna 36, así como al apoyo técnico de la Sociedad de Ciencias Aranzadi.
Un vecino de la zona, Domingo Zabalza, también proporcionó un testimonio clave. Tras diversas hipótesis, el Banco de ADN confirmó definitivamente que los restos pertenecían a Bengaray y Gutiérrez, cerrando una incógnita de casi nueve décadas.
Bengaray y Gutierrez: ligados al fúbtol
La figura de Bengaray destaca especialmente por su rol social. Fue socio fundador del club Larraina y miembro de agrupaciones culturales como Los Irunshemes y Los Amigos del Arte. Su labor pública le otorgó una relevancia que lo convirtió en objetivo de la represión franquista.
Incluso después de su muerte, la dictadura le inició un expediente de incautación de bienes que terminó con una sanción de 250.000 pesetas.
Su viuda, Ramona Zapatero, luchó durante años en los estrechos márgenes legales de la dictadura para recuperar parte del patrimonio familiar, un esfuerzo que apenas consiguió reducir la sanción a 20.000 pesetas.
En el caso de Gutiérrez, aunque su actividad política pública no está documentada, la trayectoria de su familia revela un entorno claramente republicano. Su identificación casi nueve décadas después simboliza la importancia del Banco de ADN como instrumento reparador, especialmente para las familias que aún buscan respuestas.
Los especialistas insisten en que el esclarecimiento de estos casos demuestra la relevancia de aportar perfiles genéticos, incluso cuando los documentos históricos son escasos.
La fosa donde fueron encontrados no había sido localizada previamente, ni existían indicios de que contuviera restos de personas relevantes para la historia navarra.
La nieta de Bengaray expresó su sorpresa por el hallazgo, mientras que el nieto de Gutiérrez calificó la noticia como una “presencia liberadora” tras 89 años de silencio.
El Gobierno de Navarra insiste en que estos avances ponen de relieve la importancia de profundizar en políticas públicas de memoria. La historia de Bengaray y Gutiérrez muestra cómo la represión franquista destruyó vidas e identidades, pero también cómo la ciencia forense actual puede contribuir a restaurar la verdad.